Santos
Como el interruptor de una luz, ella se quedó inmóvil instantáneamente, su cuerpo como hielo contra el mío. —Acepté casarme contigo. ¿Qué más quieres de mí?
—Quiero que hagas lo que se te dice, maldita sea. Desafíame, y cargarás con las consecuencias. No hay espacio para el error cuando eres mi esposa, Miel. Ninguno.
—No quiero ser tu esposa.
Como veneno, sus palabras goteaban con repulsión, y casi podía oler su odio. Su rabia. Su miedo. Se filtraba a través de sus poros, y la hacía much