Nos quedamos quietos en la cama, horas o minutos no sabría decir, el tiempo a mi alrededor parecía haberse congelado, lo único que veía era a él.
El comandante.
Me miró con intensidad después de pronunciar tan dulces palabras, después de confesarme que su corazón era mío.
Mi corazón también era suyo, de una manera inesperada e incomprensible me di cuenta de que me había arrebatado el corazón, y no estaba seguro de cuándo exactamente había sucedido eso, desde la primera vez que lo vi en esa are