Caía la tarde en un juego de colores que lejos de parecer hermoso se convertía en la señal de que pronto todo cambiaría.
Stefano pidió que lo encadenasen, aun cuando Adara suplicó que no. El camino de regreso se convirtió en una tortura por su silencio.
Adara lo miraba de cuando en cuando, mientras veía como la noche se apoderaba de la inmensidad.
Cuando vieron la torre sintieron alivio, Stefano con la mirada al suelo se entregaba a su cruel destino.
Timelot lo ató y él comenzó a inquietarse y m