—No debí dejarla ir —dijo con impotencia Stefano—, es peligroso y si el lobo negro la descubre la puede matar.
El monje Zunen le respondió.
—Era el riesgo y ella quiso seguirlo.
Stefano maldijo a los cuatro vientos y le comentó.
—Perdí a mi padre, perdí mi vida y no puedo perder a mi luna.
—Confiemos en Adara, ella parecía decidida a vengar tu afrenta y a Lotar.
El corazón de Stefano estaba apretado y dolida ante su ausencia.
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Adara recibió un presente de Orestes, un hermoso collar que ella admiró.
—Es bellísimo, lo más bello que he mis ojos han visto.
—Adara, eso es solo algo pequeño para lo que tengo para ti.
—¿Por qué eres tan bueno conmigo?
—Porque produces en mí, tanto cariño y ternura.
Ella sonrió y le respondió.
—Yo también te quiero, has sido mi apoyo en mi oscuridad.
—Cásate conmigo, serías mi reina.
Ella se apartó con tristeza y le respondió.
—Me liga un matrimonio sin amor hacia Stefano de Abrolia, no podría, tú mereces lo mejor.
—Abrolia te repudió.
—Lo sé, pero me casé