31. Un caballo desbocado y culpable.
Sofía apretó los dientes y en cuanto sintió como la primera lágrima caía por su mejilla, dio media vuelta y salió del lugar. Sabía que si abría la boca comenzaría a llorar frente a ellos y no estaba dispuesta a permitirlo.
Los pasillos por los que había corrido ahora los caminaba con el corazón partido. No había un lugar que representara un refugio para ella en ese hospital y no sabía dónde llorar su dolor. De pronto se descubrió llegando al estacionamiento vacío y oscuro, como su corazón, y ll