32. Un secreto que será mejor olvidar.
—Lo siento, yo… quería demostrar que… no… sientes lo que crees que sientes por Sofia y… —Jimena entendía que estaba en un gran aprieto, no podía levantar la mirada hacia Bennet—. Es gracioso, ¿sabes? Creo que lo logré demostrar, pero no fue la forma.
Las mejillas sonrojadas de Jimena se volvían cada vez más tentadoras para Bennet, la fría noche se había vuelto cálida y aunque le costara admitirlo, ni siquiera con Sofia entre sus brazos se había sentido de esa forma, tan ansioso. Ignorando cada