La limusina arrancó, con una caravana de autos lujosos siguiéndola más atrás, todas las personas observaban desde las calles, asombrados por el nivel de esplendor y suntuosidad de las dos familias más importantes del país, que ahora se unían.
Era el momento de la fiesta, un acto que la crema de la sociedad no se podía perder y todos se dirigieron allá.
Dentro del auto, Isabella bajó la mirada apenada, todavía sentía las mejillas calientes ante el significativo beso que Máximo le había dado en