Todos se quedaron sorprendidos, Ricardo prácticamente se congeló por un momento.
— Te lo advertí, desgraciado, infeliz… Te lo advertí y no me hiciste caso… — Gruñó Máximo empuñando el arma hacia Ricardo.
— Yo… Señor… Eh… Collins… — Balbuceó Ricardo levantando las manos lentamente, tan sorprendido como asustado.
— Heriste a mi esposa, me desobedeciste y vas a pagarlo muy caro… — Voceo Máximo sin dejar de mirarlo ceñudo.
— Señor Collins… — Gimió Ricardo, tragando grueso, tembloroso, cerrando