La ceremonia de graduación fue hermosa, cada estudiante pasó al llamado de su nombre para recibir su diploma y para cuando llegó el turno de Isabella, los aplausos de Máximo retumbaron en el salón, quien se levantó para ovacionar a su esposa, lleno de orgullo.
Margaret no se quedó atrás y el pequeño Albert, aunque no sabía muy bien de que se trataba la fiesta en la que estaba, siguió la corriente de su padre y su abuela con alegría.
Para cuándo la ceremonia terminó, Isabella se despidió con n