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CAPÍTULO 1
POV Carolina Baxter
Nunca me ha gustado admitirlo, pero siempre he sido consciente de mi cuerpo. Soy una mujer con curvas, con sobrepeso, y sé que eso incomoda a mucha gente en esta ciudad donde las apariencias mandan. Me esfuerzo por parecer segura, incluso fuerte, pero por dentro me hago pequeña cada vez que escucho risas que no sé si van dirigidas a mí. Aun así, camino con la cabeza en alto. Fingir seguridad a veces es lo único que me mantiene estable.
Ese día me reuní con Daniel Moore, mi novio desde hace un año. Un año entero siendo su secreto. Él siempre me decía que su padre odiaba a los Baxter y que, por ahora, no podía arriesgarse a que lo vieran conmigo. Yo, enamorada como una idiota, acepté cada excusa. Le creí. Le creí porque quería creerle.
Lo vi llegar a nuestro escondite, siempre disponible para el. Tenía esa sonrisa seductora, esa actitud amable que siempre me hacía bajar la guardia. Pero yo necesitaba aclarar nuestro futuro.
—Daniel, tenemos que hablar —dije dándole un beso en la mano.
Él se puso nervioso.
—¿Qué pasa, Caro?
Respiré profundo, para concentrarme en mis palabras, Ya no quería seguir siendo su secreto.
—Hoy es el cumpleaños de mi papá. Quiero que vayamos juntos. Quiero que digas que somos pareja. Ya no quiero seguir así.
Daniel apartó la mirada, lo conocía y sabía lo que venía.
—Carolina… no puedo. Mi papá estaría furioso. Tú sabes cómo odia a tu familia.
—Pero llevamos un año —insistí—. ¿Hasta cuándo va a ser así?
Daniel pasó una mano por su frente quitandose el sudor con un pañuelo, estaba molesto.
—¿Vas a ir al cumpleaños de tu padre?
Asentí, el año pasado me pidio quedarme en casa, pero esta vez no tenía excusa para no ir.
—Te pedí que no fueras a esa reunión. Tú sabes que esa gente no te trata bien. No quiero que te hagan sentir mal, yo iré solo un momento para cumplir, nada más.
Sus palabras me dolieron, aunque traté de no demostrarlo. El problema no era la sociedad ni mi familia. El problema era que él tenía pena de que lo vieran conmigo.
Aun así, asentí.
—Está bien —respondí con una sonrisa fingida.—. Solo dime algo, Daniel. Si de verdad me amas, ¿no debería darte igual lo que tu padre piense de mí?
Él intento decir algo, pero no dijo nada. Se acercó, me dio un beso rápido, luego se despidió.
No llore aunque me dolía, esperaba que todo fuera producto de mi imaginación por mi inseguridad.
Regresé a casa tratando de distraerme con cualquier cosa, pero en cuanto entré a mi habitación, Ximena apareció me habia estado esperando. Se tiró en mi cama y me miró con su sonrisa, mi hermana era feliz haciendo mi vida imposible.
Señaló mi vestido para la noche
—¿Dónde lo conseguiste? ¿En una tienda de cortinas?
Ximena disfrutaba burlándose de mi peso, ella era la causa de mis inseguridades.
—Eres tonta, Ximena —contesté —No me voy a rebajar contigo.
Ella abrió los ojos, sorprendida por mi respuesta.
—Esta noche te voy a demostrar quién es la tonta —me dijo con una sonrisa pícara, planeaba algo
Se fue dando un portazo y yo solo suspire, me puse el vestido y me miré en el espejo. El vestido me quedaba ajustado, sí, pero era bonito. No tenía por qué avergonzarme. Me repetí eso otra vez antes de bajar las escaleras con ella.
En la sala, mi papá, el gran empresario Raúl Baxter, ya esperaba. Cuando vio a Ximena, aplaudió como si viera a una reina.
—Mi niña, estás perfecta. —dijo, orgulloso.
Cuando me miró a mí, me miró con ternura y me abrazo.
—Carolina, podrías ser un poco más recatada. Ese vestido… con tu busto, puede verse inapropiado.
Sonreí pero me dolio. No era la primera vez, y quizás por eso no venía a estos eventos, papá me amaba, pero no era prudente con sus comentarios.
—Papá, no tiene nada de malo tener curvas —le dije sonriendo.
Él sonrió, como si yo fuera una niña diciendo algo inocente.
—Tú sabes que eres mi alegria, Carolina. Y Ximena… Ximena es mi Orgullo.
Me solté de sus manos. Fingí que no me afectaba, pero por dentro me dolía el alma. No dije nada más. No quería darle a Ximena el gusto de verme herida.
Entrar a la fiesta fue como siempre: muchas miradas y murmullos que intentaban ser disimuladas. La gente del club jamás habia sido discreta. Cada vez que aparecia, sus ojos se iban directo a mi cuerpo. A estas alturas debería estar acostumbrada, pero nunca lo estaré del todo.
Me separé un poco del grupo para tomar una copa. No tenía ánimo de socializar. Prefería observar desde lejos y esperar a que pasara el tiempo. Quería que la noche terminara rápido.
Ximena se acercó cuando apenas había dado un sorbo.
—Deberías relajarte, Caro —dijo con esa voz dulce que usa cuando quiere diafrazar algo cruel—. Algún día entenderás que los gordos no encajan en lo mejor de la sociedad.
No respondí. Ella disfrutaba ver cómo me afectaban sus comentarios y yo no iba a darle ese placer. Me limité a mirar hacia otro lado.
Entonces lo vi. Daniel.
Mi corazón dio un salto de alegría. Caminaba entre la gente y lo seguí con la mirada, y sin pensarlo, fui hacia él. Necesitaba verlo, el me daba seguridad.
—Daniel —dije al acercarme.
Él se sobresaltó al verme tan cerca. Estiré la mano y tomé la suya, buscando un mínimo gesto de cariño. Pero en lugar de eso, su expresión se endureció.
—¿Qué haces aquí? —susurró entre dientes, muy tenso—. Carolina, hablamos de esto.
—Es la fiesta de mi papá —respondí, tratando de calmarlo —. No iba a faltar.
—Sabes que no es buena idea —insistió, mirando alrededor —. Te pedí algo. ¿Por qué no puedes complacerme?
Solté su mano y lo miré fijamente.
—¿Por qué te molesta tanto que esté aquí? —pregunté.
Él empezó a tartamudear pero algo detrás de él llamó mi atención. Mi papá. Estaba conversando con un hombre mayor que conocía solo por fotos: el padre de Daniel. Ambos parecían amistosos. Hablaban como dos empresarios que llevan años compartiendo una amistad.
Sentí que me faltaba el aire.
—Explícame —le dije a Daniel, mirándolo enojada —. ¿Por qué me dijiste que nuestras familias eran enemigas? ¿Por qué inventaste eso?
Él tomo un trago de su whisky, estaba incómodo.
—Carolina, no es lo que piensas. Yo… puedo explicarlo, solo dame un segundo para—
No alcanzó a terminar. Ximena apareció de la nada. Se aferró al brazo de Daniel y sonrió.
—Es hora —le dijo, con una sonrisa coqueta.
—Ximena, espera —intenté decir, pero ella se lo llevó arrastrandolo hacia el centro del salón.
Mi padre se acerco a ellos. Los Moore también. La música bajó de volumen y la gente empezó a prestar atención. Sentí un nudo en la garganta.
Daniel tomó un micrófono. Mi Daniel. El hombre que me besaba a escondidas, que decía amarme, que me prometía un futuro cuando apagábamos las luces.
—Gracias por acompañarnos esta noche —dijo él, nervioso pero sonriente.
Ximena estaba a su lado, con esa expresión orgullosa que siempre tiene cuando siente que ha ganado.
—Quiero aprovechar este momento especial para hacer algo importante —continuó Daniel.
Su padre dio un paso adelante. El mío también. Era evidente que todo estaba planeado desde hace tiempo.
Daniel se giró hacia Ximena, tomó su mano y, con una sonrisa, dijo las palabras que me mataron el alma
—Ximena, ¿quieres casarte conmigo?
La gente comenzó a aplaudir antes siquiera de escuchar su respuesta. Ella, por supuesto, dijo que sí. Lo dijo con una sonrisa enorme,
orgullosa. Una sonrisa que buscó mis ojos solo para disfrutar mi reacción.
El problema nunca fue la familia, siempre fui yo.







