CAPÍTULO 4 Me alejé antes de que pudiera responder, pero lo ví en sus ojos, la idea de verme con otro le quemaba.Fui a la mesa para la cena, intentando respirar y controlar el torbellino de emociones y de hormonas en mi cuerpo, mis manos temblaban. Agarré el tenedor y empecé a comer rápido. Era mi forma de lidiar con la ansiedad desde pequeña lo hacía, y si quizás por eso tenía sobrepeso, además de otros factores hormonales, quería un momento a solas con la comida para respirar y no llorar, Pero no pasó desapercibido.Ximena se acercó con un grupo de invitados detrás.—Miren qué sorpresa —dijo en voz alta—. Carolina comiendo como si no hubiera mañana. Nada nuevo, por favor hermana, hay más invitados, intenta dejar algo para todos.Algunos se rieron. Otros solo miraron incómodos.Sonreí con sarcasmo.—Tranquila, Ximena. Todavía quedará pastel para ti. No me lo voy a comer todo, quizás el dulce te quito lo amargo y venenoso de tus venas, porque si te mueres la lengua, te envenenas.Va
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