Mundo ficciónIniciar sesiónCAPÍTULO 3
Me sorprendió que supiera mi nombre. Antes de que pudiera preguntar algo, tomó mi mano con delicadeza y la besó. Me puse tensa de inmediato. No estaba acostumbrada a ese tipo de gestos. Nadie había sido así de atento conmigo, mucho menos un hombre con ese porte.
—Eh… hola —murmuré, sin saber qué hacer.
Él sonrió, como si mi reacción le pareciera tierna.
—No tengas miedo. Desde ahora, seré tu ángel.
No entendí nada. ¿Porque me hablaba así? ¿Qué quería decir exactamente? Antes de que pudiera cuestionarlo, una enfermera me llamó. Él se quedó donde estaba, mirándome fijamente.
Entré al procedimiento con el corazón acelerado. Todo fue más rápido de lo que imaginaba. El médico me explicó cada paso mientras una enfermera me ayudaba. No sentí dolor, solo emoción. Cuando terminó, el doctor me pidió que descansara unos minutos.
Debía esperar dos semanas para saber si el proceso había funcionado. Dos semanas. Parecía eterno.
Durante esos días, traté de mantener mi mente ocupada, pero era imposible no pensar en ello. Cada pequeño malestar me hacía dudar. Cada día sin síntomas me desesperaba. Laura fue mi apoyo constante, recordándome que el estrés no ayudaría en nada.
Y entonces llegó la fiesta de compromiso de Ximena y Daniel.
No quería ir. Pero Ximena, de la manera más burlona posible, le pidió a mi papá que yo fuera su dama de honor. Lo dijo, fingiendo bondad, como si quisiera integrarme a su boda. Mi papá, orgulloso de satisfacerla, me dio la orden.
Me presenté en la fiesta solo para evitar otro drama familiar. Desde el principio, Ximena buscó provocarme.
—Te queda grande ese vestido —dijo apenas me vio—. Pero supongo que debe ser un dia feliz para ti, por primera vez algo te queda grande.
Ella rió, disfrutando su propio veneno, yo solo frunci el ceño
—Me encanta quitarte todo lo que crees tuyo —añadió—. Siempre ha sido fácil.
—Si necesitas quitarme cosas para sentirte superior, es porque en el fondo estás por debajo, Ximena.
Su sonrisa desapareció. De inmediato empezó a actuar. Se llevó las manos a la mejilla y gritó:
—¡Me golpeaste!
La gente volteó, Daniel llegó corriendo, sin preguntar, sin verificar lo ocurrido, me jalo del brazo y me saco al pasillo a fuera del salón.
—Carolina, ¿qué te pasa? —me reclamó—. Ya no somos nada. Debes entenderlo. Ximena será mi esposa. Deja de meterte en nuestra vida.
Sentí rabia y humillación.
—¿Tú crees todo lo que ella dice? —pregunté—. No la golpeé, Daniel. Ella lo está fingiendo.
Él negó con la cabeza, molesto.
—Siempre haces problemas. Todos sabemos que envidias a Ximena.
Quería responder Pero alguien apareció detrás de mí.
El mismo hombre de la clínica, empujó a Daniel hacia atrás. Daniel casi se cae.
—No te atrevas a hablarle así —dijo el hombre, con una voz firme que llamó la atención de todos—. Nadie se mete con Carolina.
Me quedé inmóvil, sin entender por qué él estaba ahí.
No sabía quién era ese hombre ni por qué había intervenido. Su aparición había sido tan inesperada que todavía estaba tratando de entender que pasaba. Pero ver la cara de Daniel fue lo que más me sorprendió. Se puso tenso, molesto, celoso. Daniel jamás soportaba verme con otro hombre.
Así que decidí aprovecharlo.
—¡¿Quien eres idiota?!
—Él es mi amigo —dije con una sonrisa, mirando directamente a Daniel—. No tengo que darte explicaciones.
El italiano dio un paso adelante, imponente.
—A ella se le respeta —dijo con un tono firme y fuerte.
Ximena salió para callar el escándalo, en lugar de sorprenderse, sonrió con ese gesto arrogante que la caracteriza. Tomó el brazo de Daniel y lo jaló hacia el interior del salón.
—Déjalo, Daniel. No te rebajes —dijo, disfrutando el momento.
Cuando ellos desaparecieron, mire al italiano.
—¿Qué te pasa? ¿Eres algún tipo de acosador? —le pregunté sin entender quien era, impulsiva—. ¿Me estás siguiendo desde el hospital?
Apenas terminé de decirlo, me arrepentí. Pero no quería mostrar debilidad.
Él sonrió, sin ofenderse.
—No, Carolina. No te estoy siguiendo. Fue una coincidencia. Acabo de adquirir acciones en este club. Te vi discutiendo y te recordé del hospital. Quise ayudarte, nada más.
—¿Y como sabes mi nombre?
—Lo mire por coincidencia en tus papeles de la clínica.
Me incomodó que usara mi nombre como si nos conociéramos de toda la vida.
—No necesito ayuda ni lástima de nadie —respondí.
Y entré a la fiesta.
Ximena caminaba de un lado a otro, levantando la mano cada vez que podía para mostrar su anillo. Se sentía la reina del lugar.
Daniel la acompañaba, pero no dejaba de mirarme, cada vez que yo me movía, él me seguía con los ojos. Y cuando finalmente me aleje para respirar apareció detrás de mí.
—¿Quién es ese tipo? —preguntó muy violento.
—Eso no te importa —respondí—. Ya no somos nada.
Daniel apretó los dientes.
—Carolina, estoy celoso. ¿Eso no te dice nada? Yo… te amo.
Sentí un golpe en el pecho. No iba a caer en lo mismo.
—¿Y qué piensas hacer con ese amor? —pregunté con ironía—. ¿Esconderme en el armario mientras te casas con mi hermana? Creo que soy tan gorda que será difícil.
Él intentó acercarse, no voy a negar que no corazón aún latía por el
—Solo déjame pensar en algo que nos beneficie a todos —me dio una caricia en la mejilla.
—¿Que planeas? Quiero escuchar lo que el perfecto Daniel Moore tiene para decirme.
—El apartamento donde nos vemos a escondidas... Puedes ir a vivir allí y yo puedo visitarte todos los días —tartamudeo, sabía que lo que me estaba proponiendo era ofensivo.
—¡¿Quieres que sea tu amante?! —levante la voz enojada.
—Yo... Entiende...
—¿Que quieres que entienda? Me acabas de proponer que sea la amante del esposo de mi hermana —senti que mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no iba a permitir que me viera débil.
Se inclinó como si quisiera besarme. Levanté la mano y le di una cachetada. No tan fuerte como la anterior, pero lo suficiente para detenerlo.
—¡Tienes que entender! —levanto la voz agarrándome de los brazos con fuerza
—¡Claro que entiendo! no soy lo suficientemente perfecta para ser tu esposa pero si tú amante ¿Verdad? —le dije en un tono sarcástico.
—No es lo que quise decir
—¡Si lo es! Pero te voy a demostrar que para otros, si soy perfecta con mis kilos de más







