El peso de Félix sobre mí se sentía como una marca recién grabada: caliente, posesivo, definitiva, pero antes de que mi cuerpo tuviera tiempo de asimilar la realidad de lo que acababa de suceder, la promesa de Luca me reclamó.
Él se movió con la rapidez del fuego que era. Félix rodó a mi lado, permitiendo que el gemelo menor ocupara el espacio. Luca no perdió ni un instante en el preámbulo. Su boca se dirigió a mi cuello, mordisqueando el punto sensible con una intensidad que me hizo gemir, mien