El sobre llegó sin remitente, deslizado bajo la puerta de su habitación como una serpiente silenciosa. Anya lo encontró al regresar de su reunión matutina con la asistente de protocolo. Un simple sobre manila, sin marcas, sin sellos, solo su nombre escrito con una caligrafía impersonal que parecía deliberadamente anónima.
Lo sostuvo entre sus dedos, sintiendo un peso desproporcionado para algo tan ligero. Algo en su instinto le advertía que lo que contenía cambiaría todo.
Dentro encontró varios