Acaricio con las palmas de mis manos la alta hierba que me rodea, despeinando alguna que otra espiga que se mese en mi dirección, como si mi presencia la llamara tanto como a mi el lago en la distancia.
Mis pies se mueven solos, pisando desnudos la tierra y os hierbajos aún en crecimiento.
El sol es cálido, como una caricia acogedora que me recuerda la paz que en estos momentos soy capaz de sentir incluso aquí, en mis sueños.
Estoy de vuelta en el mismo punto en el que la vi la última vez.
Al o