Me despierto aún encerrada entre los fuertes y calientes brazos de Badel, concretamente sobre su pecho, como si este fuera el lugar correcto donde debo estar.
Prisionera de su posesividad.
No hay disgusto en mí por ese hecho, no cuando una parte mucho más hambrienta y activa en mí quiere todo esto de él, de ellos.
Reclamar.
Reclamarlos.
Ser reclamada.
Se repite en el eco de mi pulso, cada vez más tosco, cada vez más frenético, como si me hubieran dado un chute de adrenalina y mi mundo se viera