—NATALIA—
El desayuno fue una experiencia extrañamente acogedora, como si estuviera por fin viviendo una de esas escenas idílicas de películas donde existía una gran familia unida.
A pesar del silencio de Kail y de dos de los niños mayores, Kol y Belt, cada uno con similitudes resaltadas de sus padres, pero con auras frías y distantes como la de Nova, así como la ausencia de Badel y Lex, todo se había sentido cómodo y natural.
Más aún cuando Leonel se salió con la suya, terminando desayunando s