A las nueve de la mañana del día siguiente, la sala de juntas de Varela Global estaba en ebullición. Adrián había convocado una reunión de emergencia sin dar explicaciones. Yo estaba sentada a su derecha, con un traje negro severo y el corazón latiendo con fuerza. El USB de Beatriz seguía escondido en mi bolso como una bomba de tiempo.
Dieciséis miembros del consejo estaban presentes. La tensión se podía cortar con cuchillo.
Adrián se puso de pie al frente de la mesa, imponente.
—Esta mañana re