El Banco Central parecía más frío y hostil que nunca esa mañana. Adrián y yo entramos tomados de la mano, escoltados por dos de sus hombres de seguridad. Después de la confesión de mi padre, ninguno de los dos había dormido más de dos horas. El peso de la verdad nos aplastaba.
— Código 07-19-2019 —le dije al gerente de la bóveda con voz firme.
El hombre verificó los documentos, nos miró con curiosidad y nos guio hasta la cámara acorazada. La caja número 719 estaba en la tercera fila. Adrián ins