Regresé a la mansión en un taxi diferente, asegurándome de dar un rodeo por el centro para despistar a cualquiera que me siguiera. Adrián no había vuelto; se había quedado en el laboratorio, probablemente moviendo cielo y tierra para borrar el rastro que lo incriminaba o para encontrar al verdadero culpable. No me importaba cuál fuera la verdad. Mi única prioridad era mi padre.
Entré en mi habitación y cerré la puerta con llave. Mi corazón seguía a mil por hora. Necesitaba a alguien que conocie