La gala aún no terminaba cuando Beatriz Salvatierra decidió que ya había esperado suficiente.
Yo acababa de salir del baño cuando la vi venir directamente hacia mí. Vestido blanco ajustado, labios rojos y una sonrisa que parecía cuchillo recién afilado. Detrás de ella, dos amigas la seguían como escoltas.
—Elena Varela —dijo en voz alta, para que todos los que estaban cerca escucharan—. Qué rápido te acostumbras al nuevo apellido. Ayer eras Rivas, hoy ya eres propiedad de Varela.
El salón no se