El rostro de Clara Voss desapareció de las pantallas del ático, dejando tras de sí un silencio que zumbaba con la magnitud de su oferta. Las llaves del mundo digital a cambio de asilo.
Adrián se mantuvo de espaldas a mí durante unos largos segundos, mirando su propio reflejo en el cristal oscuro de los ventanales que daban a Manhattan. Podía ver la tensión en sus hombros, el instinto de protección librando una batalla a muerte contra la desconfianza crónica que las calles le habían tatuado en e