Mundo ficciónIniciar sesiónAl salir del restaurante, Indianna no podía dejar de mirar la línea de árboles que bordeaba la carretera.
La sola idea de que los mismos animales que la habían marcado para siempre, tanto física como emocionalmente, pudieran seguir rondando por allí le revolvía el estómago.
Suspiró y se frotó los ojos.
El agotamiento comenzaba a vencerla.
Ya no sabía si era por la enfermedad... o por Greyson.
Cuando llegaron al coche, Greyson no abrió la puerta de inmediato.
En lugar de eso, se apoyó contra el vehículo y la observó con una sonrisa ladeada.
—¿Qué? —preguntó ella con cautela, deteniéndose frente a él—. ¿Por qué me miras así?
Greyson soltó una risa baja.
—Cuando estamos solos eres completamente distinta.
Indianna frunció el ceño.
—¿Cómo que distinta?
—Hasta hace un momento hablabas conmigo sin problema.
Hizo una pausa.
—Pero en cuanto aparecieron Harry y Brooklyn... volviste a convertirte en un ratoncito silencioso.
Indianna se encogió ligeramente de hombros.
—No se me da bien tratar con la gente.
Desvió la mirada.
—¿Podemos irnos ya? Llévame a casa, por favor.
Greyson negó despacio.
—No eres tímida conmigo.
Ella soltó una risa incrédula.
—Solo porque siempre encuentras la forma de sacarme de quicio.
Greyson dio un paso al frente.
Con una sola zancada ya estaba frente a ella.
—No.
Su voz descendió hasta convertirse casi en un susurro.
—Es porque te sientes cómoda conmigo.
Indianna negó con firmeza.
—Eso no es cierto.
—Confías en mí.
—No.
Su respuesta fue inmediata.
—Me has hecho daño, me irritas constantemente y me ocultas cosas.
Lo miró directamente a los ojos.
—No confío en ti.
Greyson sonrió apenas.
—Sí confías.
Su rostro quedó a escasos centímetros del suyo.
El mundo pareció desaparecer.
Solo existían ellos dos.
Indianna mordió con fuerza su labio inferior.
Intentaba concentrarse en cualquier cosa que no fuera la cercanía de Greyson.
Pero, al mismo tiempo...
Deseaba tocarlo.
Volver a sentir aquellas chispas.
Aquella extraña electricidad que se había vuelto peligrosamente adictiva.
—Te equivocas.
—Es nuestra conexión, preciosa.
La voz de Greyson era apenas un murmullo.
—Sé que confías en mí.
Indianna arqueó una ceja.
—¿Esa conexión misteriosa de la que te niegas a hablar?
Lo desafió con la mirada.
—¿Cómo demonios esperas que confíe en ti si no haces más que ocultarme cosas y darme órdenes?
Respiró hondo.
—Es jodidamente...
Greyson apoyó un dedo sobre sus labios.
Negó despacio con la cabeza.
—Ese lenguaje...
La regañó con una sonrisa.
—Preciosa.
Indianna intentó apartarse.
Pero Greyson rodeó su espalda con un brazo y, con suavidad, la hizo girar hasta dejarla apoyada contra el coche.
—G-Greyson...
Intentó empujarlo.
—Suéltame.
Las chispas volvieron.
Más intensas que nunca.
Nublaban su mente.
Disolvían poco a poco el enfado que sentía hacia él.
—Los dos sabemos que no quieres que lo haga.
Indianna cerró los ojos cuando el pulgar de Greyson acarició lentamente su mejilla.
Él sonrió al notar la reacción involuntaria de su cuerpo.
—Entonces...
Su voz rozó su piel.
Se inclinó hacia su cuello.
—¿Qué quieres que haga?
El cálido aliento de Greyson recorrió su cuello.
Indianna dejó escapar un leve jadeo.
Su espalda se arqueó apenas unos centímetros.
Las chispas se intensificaron.
Todo el cansancio desapareció de golpe.
Su cuerpo solo era capaz de concentrarse en él.
Aun así...
Apretó los puños.
—No.
Su voz salió mucho más débil de lo que esperaba.
—Lo único que quiero...
Abrió los ojos y sostuvo su mirada.
—...es que me lleves a casa.
Greyson soltó una risa divertida.
Seguía sonriendo contra su piel.
—Entonces...
Levantó una ceja.
—¿Quién es el mentiroso ahora?
—Greyson...
Los dos se quedaron completamente inmóviles.
Un fuerte crujido proveniente del bosque rompió el silencio.
Giraron la cabeza al mismo tiempo.
Entre los árboles apareció una silueta.
El corazón de Indianna se detuvo.
Sin pensarlo, se aferró al brazo de Greyson.
Todo su cuerpo empezó a temblar.
—G-Greyson...
Su voz apenas era un susurro.
Los labios le temblaban de miedo.
Greyson no apartó la vista del bosque.
—Sube al coche, Indie.
Su tono era tranquilo.
Con una mano buscó la manija de la puerta.
Pero Indianna seguía inmóvil.
—Es...
Su respiración se volvió irregular.
—Es un lobo...
No podía apartar la mirada del animal, que avanzaba lentamente hacia ellos.
Entonces...
Gruñó.
Indianna soltó un pequeño grito.
Buscó la mirada de Greyson.
Esperaba verlo nervioso.
Asustado.
Pero él permanecía completamente sereno.
Observaba fijamente al lobo.
El animal enseñó los colmillos.
Sus ojos amarillos brillaban bajo la oscuridad.
—Al coche.
Esta vez la voz de Greyson sonó mucho más firme.
Abrió la puerta de golpe.
Había rabia en su tono.
—Ahora, preciosa.
Pero Indianna seguía paralizada.
Aferrada a su brazo.
—Vamos.
Greyson tiró suavemente de ella, intentando meterla dentro del coche.
—¡Espera!
Indianna entrecerró los ojos.
El lobo acababa de pasar bajo la luz de una farola.
Y entonces...
Todo regresó.
Aquella noche.
Los gritos.
La sangre.
Los colmillos.
Ese rostro.
Jamás podría olvidarlo.
Jamás.
Su respiración se quebró.
—Dios mío...
Su voz temblaba.
—Es el mismo...
Miró desesperadamente a Greyson.
—Greyson...
Es el mismo lobo.
El que...
El que mató a mi padre.
Las fuerzas abandonaron por completo su cuerpo.
Greyson la sostuvo antes de que cayera.
Ella comenzó a hiperventilar mientras el animal seguía acercándose.
Greyson reaccionó de inmediato.
La empujó suavemente hacia el asiento del copiloto.
Le colocó el cinturón de seguridad con rapidez.
—¡No te vayas!
Indianna intentó sujetarlo cuando él fue a cerrar la puerta.
—¡Por favor!
Greyson la miró directamente a los ojos.
Toda la dureza desapareció de su expresión.
—No voy a ninguna parte.
Su voz fue tranquila.
Reconfortante.
—Volveré al coche en unos segundos.
Te lo prometo.
Le acarició la mano un instante.
—Estás a salvo conmigo.
Cerró la puerta con cuidado.
Luego volvió a mirar al lobo.
El animal ya no avanzaba.
Solo lo observaba.
Greyson dio un paso al frente.
Su voz descendió hasta convertirse en un gruñido.
—Tienes una sola oportunidad para marcharte, Rogue.
Sus ojos no se apartaron del animal.
—O te encontraré...
Y te mataré.
Mi manada no perdona.
El lobo respondió con un feroz gruñido.
Sus colmillos chasquearon en el aire.
Greyson ni siquiera retrocedió.
—No me das miedo.
Había una autoridad aterradora en su voz.
Rodeó el coche lentamente hasta llegar a la puerta del conductor.
—Y voy a demostrártelo cuando te mate con mis propias manos.
Una sola oportunidad.
Después...
Mueres.
Abrió la puerta y se sentó al volante.
Lo primero que hizo fue mirar a Indianna.
Las lágrimas corrían sin control por sus mejillas.
Sus manos temblaban.
—G-Greyson...
Su voz se rompió.
—¿Cómo... cómo es posible?
Es el mismo...
Él...
Dios mío...
Greyson tomó una de sus manos.
La sostuvo con firmeza mientras arrancaba el coche y aceleraba, alejándose del restaurante tan rápido como pudo.
Apretó la mandíbula sin apartar la vista de la carretera.
Su mano no soltó la de ella ni un solo segundo.
—Estás a salvo, preciosa.
Su voz fue baja.
Pero completamente segura.
—No voy a permitir que nadie vuelva a hacerte daño.
Te lo prometo.







