Capítulo 23 — Mentiroso

—Ya es suficiente, preciosa.

Indianna permaneció inmóvil, parpadeando mientras miraba a Greyson con incredulidad.

El día en que murió su padre...

El día en que ella fue atacada...

Había mucho más de aquella historia que desconocía.

Y Greyson lo sabía.

Apretó los puños con fuerza.

La rabia le hervía por dentro al pensar que él le estaba ocultando algo tan importante.

—No te enfades...

—¿¡Cómo se supone que no lo haga!? —espetó Indianna entre dientes.

Greyson sostuvo su mirada sin inmutarse.

—Haz otra pregunta... o aquí termina la conversación por hoy.

Su voz fue firme.

—¿Quieres seguir obteniendo respuestas o no?

Indianna apretó la mandíbula.

—Está bien.

Respiró hondo antes de hablar.

—¿Cómo puedes estar dentro de mi cabeza?

Lo miró fijamente.

—Lees mis pensamientos. Podemos hablar sin abrir la boca. Cuando me tocas siento cosas extrañas...

Frunció el ceño.

—¿Cómo es posible todo eso? Nadie más puede hacerlo.

—En realidad... algunas personas sí pueden.

Indianna arqueó una ceja.

—¿Algunas personas?

—¿Qué quieres decir con eso?

Greyson apoyó un brazo sobre la mesa.

—Hay personas en este mundo que son... diferentes, preciosa.

Hizo una breve pausa.

—Somos capaces de hacer cosas que otros jamás podrían.

Indianna lo observó en silencio.

—¿Entonces estás diciendo que ninguno de los dos es... normal?

Greyson sonrió apenas.

—Depende de cómo definas "normal".

Ella soltó un suspiro frustrado.

—¿Qué somos?

En cuanto vio aquella expresión tan familiar en el rostro de Greyson, supo la respuesta incluso antes de que hablara.

No iba a contestar.

—¿Y tú qué crees? —preguntó él con curiosidad.

Indianna abrió los brazos con desesperación.

—¡¿Cómo voy a saberlo si no me cuentas absolutamente nada?!

Intentó ordenar todas las piezas dentro de su cabeza.

Cada respuesta de Greyson solo generaba más preguntas.

Todo era un caos.

Estaba completamente perdida.

Y él no hacía más que empeorarlo.

—Lo único que sé es que conoces algo sobre el ataque en el que murió mi padre.

Su voz comenzó a temblar.

—Y eso no tiene ningún sentido.

Fueron lobos.

Animales salvajes.

Solo fue un accidente terrible de la naturaleza...

—¡Dios mío, Indianna!

Una voz conocida interrumpió su discurso.

Indianna levantó la vista.

Brooklyn y Harry acababan de acercarse a su mesa.

Harry llevaba un brazo rodeando la cintura de Brooklyn de forma protectora.

Ambos se detuvieron junto a ellos.

—No esperaba encontrarte aquí...

Brooklyn sonrió sorprendida.

—Y mucho menos con él.

Greyson giró lentamente la cabeza hacia ella.

Una sonrisa divertida apareció en sus labios.

—Gracias, Brooklyn.

Brooklyn alternó la mirada entre ambos.

—Espera...

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Están... teniendo una cita?

Si Indianna hubiera tenido comida en la boca, se habría atragantado.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Claro que no!

Greyson llevó una mano al pecho con dramatismo.

—Me rompes el corazón, preciosa.

Luego miró a Harry.

—Siéntense con nosotros.

Harry levantó una ceja.

Brooklyn negó enseguida.

—No queremos interrumpir.

—No pasa nada.

Greyson se encogió de hombros.

—Las preguntas de Indianna seguirán esperándola mañana.

Pueden esperar un poco más.

Indianna levantó la vista hacia él.

Quería protestar.

Quería decir que no.

Pero la presencia de más personas hizo que toda su timidez regresara de golpe.

Sintió cómo volvía a encerrarse en sí misma.

—Tal vez... debería irme.

Su voz apenas fue un susurro.

Greyson negó con la cabeza.

—Ni hablar.

La señaló con el tenedor.

—Ni siquiera has terminado de comer.

Además...

Su expresión se volvió mucho más seria.

—No pienso dejar que vuelvas sola a casa.

Este pueblo puede ser peligroso por la noche.

Nunca sabes qué puede esconderse entre los árboles.

Las palabras hicieron que un recuerdo cruzara la mente de Indianna.

La conversación entre Greyson y su madre.

Una manada.

Los lobos vivían en manadas.

Y Greyson parecía saber demasiado sobre la noche en que aquellos animales habían matado a su padre.

No...

Sacudió la cabeza.

Se estaba dejando llevar por ideas absurdas.

No podía existir ninguna relación entre ambas cosas.

Estaba buscando respuestas donde no las había.

Bosques.

Lobos.

Manadas.

Greyson había dicho que aquel pueblo era peligroso.

¿Se refería a que todavía había lobos en el bosque?

¿Los hay? preguntó mentalmente.

¿Hay qué, preciosa?

Lobos.

Su tono se volvió más duro.

¿Siguen viviendo lobos en el bosque... o esa información también forma parte de tus secretos?

Greyson permaneció en silencio unos segundos.

¿Te preocuparía si te dijera que sí?

Sí.

La respuesta salió sin pensarlo.

Solo imaginar otro ataque era suficiente para helarle la sangre.

Tragó saliva.

Las imágenes regresaron como una pesadilla.

Colmillos afilados hundiéndose en su carne.

Desgarrándola con una facilidad aterradora.

Sus propios gritos perdiéndose entre gruñidos y aullidos mientras aquellas bestias asesinaban a su padre delante de ella.

Y aquellos ojos...

Ojos demasiado humanos para pertenecer a un animal.

La observaban fijamente mientras uno de los lobos la inmovilizaba contra el suelo.

Greyson parpadeó.

Había visto todos esos recuerdos.

Los había sentido junto a ella.

No hay lobos en el bosque.

Indianna inhaló profundamente.

Todo el vello de su cuerpo se erizó.

Giró lentamente la cabeza hacia la ventana del restaurante.

Más allá del cristal, la oscuridad envolvía los árboles que rodeaban el lugar.

Después volvió a mirar a Greyson.

Sus ojos no se apartaron de los de él.

Mentiroso.

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