Edward siguió forcejeando entre el firme agarre de los guardaespaldas. Con las pocas fuerzas que le quedaban, gritó de manera desesperada, intentando atravesar el muro defensivo de Diego.
—¡Elena! ¡No te vayas con él! ¡Ese hombre solo te está utilizando! ¡Él no te ama, Elena! ¡Vuelve conmigo!
Al escuchar aquella provocación, los pasos de Diego se detuvieron de golpe. Su cuerpo alto se tensó por completo. Las palabras de Edward parecieron detonar una bomba de tiempo dentro del pecho del CEO.