Diego se quedó helado en su sitio, con los ojos entrecerrados y fijos en Mónica, quien permanecía de pie, altiva, frente a la puerta. En ese mismísimo instante, las piezas del desconcertante rompecabezas que lo había abrumado sejak su llegada al hotel encajaron a la perfección. El restaurante desierto, el repentino cambio de planes, la sospechosa sumisión de Marco... todo formaba parte de un libreto fríamente calculado.
—Mónica —ceceó Diego, con una voz grave y cargada de amenaza—. ¿Qué signifi