Cuando la puerta del consultorio del doctor Pablo se cerró detrás de ellos, el silencioso ambiente del pasillo del hospital los envolvió de inmediato. Diego caminaba unos pasos adelante con la postura rígida y erguida, mientras Elena casi trotaba detrás de él, intentando igualar su paso sin acercarse demasiado. Los guardaespaldas apostados afuera se reagruparon enseguida, formando una barrera invisible que protegía la privacidad del CEO y de la chica de su contrato.
Diego no volteó ni una sola