El mármol del vestíbulo aún brillaba en la mente de Evan cuando cerró la puerta tras de sí. La suite presidencial del hotel Asterion, con sus muros dorados, su luz cálida y el silencio que lo envolvía todo, era su refugio… y su prisión.
Se quitó el saco, lo colgó con cuidado y aflojó la corbata. Desde la sala, su madre lo observaba, sentada con la espalda recta y una copa de vino entre los dedos. Las luces de la ciudad se derramaban por los ventanales de piso a techo, y Katherine, en su vestido