Anne estaba sentada en uno de los camastros frente al mar, con la mirada perdida en el horizonte. Había salido a caminar antes del amanecer, empujada por la necesidad de pensar… y de respirar. Su enfermedad era progresiva, lo sabía. Los médicos no le dieron fechas, solo advertencias. Quizá serían años, quizá solo meses. Pero lo cierto era que cada amanecer le parecía ahora una joya frágil, algo que debía contemplar con los ojos del alma.
El mar, con su vaivén constante y su rumor apacible, le o