La tarde avanzaba lenta, y el jardín había quedado en silencio. Anne descansaba en el invernadero, con una taza de té entre las manos, contemplando el cielo cubierto de nubes suaves. Alexander Delacroix cerró la puerta tras de sí con cuidado, sin hacer ruido. Caminó en dirección a la biblioteca, donde sabía que Evan aún trabajaba.
La conversación que había tenido con su esposa le daba vueltas en la cabeza. Sabía que estaba caminando sobre terreno delicado, y aunque confiaba en Anne, también ent