Ojo por ojo (4ta. Parte)
El mismo día
Bagdad
Yassir
Comprendí, tal vez demasiado tarde, que debía guardar la cobardía en un baúl y sacudir el polvo: era hora de proteger a la mujer que amaba y al hijo que venía en camino, sin importar la vergüenza que eso trajera a mi apellido, ni el veneno que la víbora vertiera sobre mí. Sentí en ese instante una rabia caliente y profunda: rabia por todo lo que me había impuesto Latifa, por la forma en que me redujo a un hombre que calla para que otros no señalen. Pero esa furia se m