93: El Rostro del Odio.
Los días que siguieron a la cena de Anastasia Ashworth fueron extraños. No porque algo hubiera cambiado en mi vida, sino porque yo había cambiado. Algo se había roto dentro de mí, algo que no sabía que existía hasta que aquellas mujeres lo pisaron con sus tacones de aguja y lo dejaron hecho trizas. No era mi orgullo, eso ya lo había perdido muchas veces antes. Era algo más profundo. Era la certeza de que, por más que lo intentara, por más que me esforzara, por más que demostrara mi valía, siemp