Guillermo Renard apareció en la sede central de Winchester Industries tres días después. William me envió un mensaje desde su oficina, con una foto que Jackson había tomado con el teléfono: un hombre mayor, de pelo cano y bastón de ébano, vestido con un traje impecable y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. No se parecía a Laura. No se parecía a nadie. Pero había algo en su mirada que me heló la sangre, algo que reconocí porque lo había visto antes en los ojos de Beatriz, en los de Walter, en