Narrado por William
El teléfono no había dejado de vibrar en las últimas veinticuatro horas. Mensajes de abogados, de socios, de miembros del consejo que hasta hacía una semana me juraban lealtad y ahora ni siquiera se atrevían a contestar mis llamadas. La prensa había montado un circo a las puertas de la sede central, con cámaras apuntando a cada uno de mis movimientos y titulares que cambiaban cada hora, cada uno más amarillista que el anterior.
El lunes por la mañana, tres de mis socios más