30: El Primer Día del Resto de Nuestras Vidas.
Desperté con el sol en los ojos y el peso de un brazo sobre mi cintura. Por un momento, no supe dónde estaba. La cama era más grande que la mía, las sábanas olían diferente, y la respiración que sonaba junto a mi oído no era la mía.
Luego lo recordé todo.
William.
Abrí los ojos con cuidado, como si el movimiento pudiera romper el hechizo. Él estaba allí, a mi lado, profundamente dormido. Su rostro, libre de la tensión que lo acompañaba durante el día, parecía más joven. El cabello dorado le caí