El coche estaba aparcado en un camino forestal a medio kilómetro de la mansión, oculto entre los robles centenarios que bordeaban la propiedad de los Winchester. La tormenta helada no había cesado, y las enormes gotas de agua azotaban el techo del auto como si de una catarata se tratase. Dentro, con el motor encendido para no morir de frío, Logan aguardaba con las manos agarradas al volante y la mirada fija en el sendero por el que Isabel debería aparecer.
Llevaba allí más de una hora. El tiemp