Capítulo 41
Gabriela se quedó inmóvil. Su rostro perdió el color de golpe, como si el aliento se le escapara de los pulmones , Sus manos temblaban, y en sus ojos, el miedo se notaba, la vi desencajada por primera vez en mucho tiempo.
—Ve a la cocina —le dijo a la empleada, su voz rota era apenas un susurro de su imponente voz
—Pero, señora… el médico dijo que el Alfa—
—¡Te dije que te vayas! —gritó con desesperación, empujándola con torpeza hasta cerrar la puerta con seguro.
Yo seguía ahí, pa