Capítulo 42
El olor a Mía me envolvió.
Me acerqué sin decir nada, y ella dio un paso hacia mí, con los ojos llenos de deseo.
—Haría cualquier cosa por ti —susurró, rozando mis labios con los suyos —Si quieres decirme Mía, yo seré ella, hoy sere lo que quieras.
Mi cuerpo ardía, mis manos fueron a sus caderas, subieron a sus pechos. Los tomé con firmeza, apretándolos mientras le besaba el cuello. Su piel estaba caliente, ella lo deseaba mucho más, su cuerpo vibraba debajo de mis dedos.
—Eres mía