Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Sebastian
Valentina duerme.
Lo noto porque llevo diez minutos despierto mirando el techo y ella no se ha movido y su respiración tiene el ritmo específico de alguien que está completamente dormida y que no sabe que la están mirando.
No la había visto dormir antes.
Es información nueva.
La luz de la mañana entra por las persianas del cuarto que no es mío pero en el que desperté y que esta mañana tiene una textura completamente distinta a cualquier otra mañana de las últimas semanas en este departamento.
Pienso en Mateo.
En lo que dijo en el Cendra: si vence el contrato primero ella no va a saber si lo dijiste porque es verdad o porque era seguro decirlo cuando ya no había nada que perder.
El contrato no vence todavía.
Lo que pasó anoche no fue porque el contrato venciera.
Lo que pasó anoche fue porque Valentina besó primero y yo respondí y lo que hay entre los dos lleva meses siendo lo que es aunque ninguno lo nombrara. Eso no es el contrato. Eso es otra cosa completamente distinta que existe independientemente de cualquier documento que Peralta tenga guardado.
Tengo que decírselo cuando despierte.
No todo de una vez. No con un discurso preparado. Pero sí algo que deje claro que lo de anoche no fue el contrato ni la estrategia ni ninguna de las cosas que construimos para justificar estar cerca sin nombrarlo. Que lo de anoche fui yo, eligiendo estar aquí, sin ninguna razón estratégica que lo justifique.
Valentina se mueve ligeramente en la cama.
Su pelo sobre la almohada.
Su respiración regular.
Hay algo en este momento — en verla así, completamente fuera de guardia, sin la armadura que usa para todo lo demás — que me produce algo que no tiene ninguna función estratégica y que de todas formas existe con una claridad que no deja ninguna duda.
No lo nombro todavía.
Pero lo sé.
Índice Dow aparece en la puerta del cuarto, nos mira a los dos, y se va sin hacer comentarios.
Afortunado.
Saco el teléfono despacio para no hacer ruido.
Tres mensajes de Mateo. Dos de mi asistente. Uno de un número que no reconozco.
Y una notificación de Inés Carrera.
La abro.
El artículo se publicó hace cuarenta minutos.
El título dice: Fuentes cercanas al directorio del Grupo Monteclair revelan las condiciones del testamento de Ernesto Monteclair — ¿Es el matrimonio de Valentina Monteclair real o una cláusula de conveniencia?
Me quedo mirando la pantalla.
El artículo tiene capturas de mensajes. Conversaciones filtradas. Fechas. La cláusula siete descrita con suficiente precisión para que cualquier director del Grupo entienda exactamente de qué se trata. No es el texto completo del testamento pero es suficiente para plantar la duda. Suficiente para que Aldenvera empiece a hacerse preguntas. Suficiente para que el directorio convoque a Valentina a dar explicaciones.
Rodrigo esperó el momento correcto.
Este es el momento correcto — la mañana después del anuncio público, cuando Aldenvera todavía está procesando la boda, cuando Valentina acaba de bajar la guardia por primera vez en meses.
Cuando los dos bajamos la guardia.
—¿Qué hora es? —dice Valentina, sin abrir los ojos.
—Las siete y cuarto —digo.
Silencio.
Valentina abre los ojos.
Me mira.
Yo la miro.
Hay un segundo donde los dos procesamos que esto es real — que la mañana llegó y los dos seguimos aquí y que eso tiene un peso que ninguno sabe exactamente cómo manejar todavía pero que tampoco ninguno de los dos parece querer evitar.
—Buenos días —dice Valentina.
—Buenos días —digo.
Otro segundo.
—¿Estás mirando el teléfono? —dice Valentina.
—Sí.
—¿Algo importante?
Hay dos maneras de hacer esto. La primera es decírselo ahora, en este momento, antes de que lo vea ella sola. La segunda es esperar y dejar que lo procese sola primero.
No hay segunda opción real.
No para mí. No después del cap 17.
—Inés Carrera publicó algo hace cuarenta minutos —digo.
Valentina se incorpora.
Le paso el teléfono.
La veo leer.
Su expresión no cambia mientras lee — esa cara que tiene cuando está procesando algo que no esperaba y que necesita un momento antes de reaccionar. La cara que pone en las reuniones de directorio cuando alguien dice algo que cambia el tablero completamente.
Termina de leer.
Me devuelve el teléfono.
—Rodrigo —dice.
—Rodrigo —confirmo.
Silencio.
—Tiene suficiente para plantar la duda —dice Valentina—. No tiene el texto completo del testamento pero tiene suficiente para que el directorio empiece a hacer preguntas. Y si el directorio hace preguntas públicamente Rodrigo tiene exactamente el escenario que quería.
—Lo sé.
—¿Cómo lo consiguió?
No lo sé.
Pero hay alguien cercano a Valentina que se lo dio. Alguien que tiene acceso a la información correcta y que la usó en el momento correcto. No es una filtración del directorio — es demasiado específica para eso. Es alguien que conoce los detalles desde adentro.
—No lo sé todavía —digo—. Pero lo vamos a averiguar.
Valentina asiente.
Está mirando el techo con la concentración de alguien que ya está calculando los próximos movimientos. Quién llama primero. Qué dice Peralta. Cómo responde el directorio. Qué hace Aldenvera con esta información en las próximas horas.
Es completamente ella.
Y también es la persona que durmió en este cuarto anoche y que me miró esta mañana con algo en los ojos que no era estrategia.
—Valentina —digo.
—¿Qué?
—Antes de que empieces a calcular.
Me mira.
—Lo de anoche no fue el contrato —digo—. Solo quería que lo supieras antes de que todo lo demás empiece.
Valentina me mira durante un momento largo.
El tipo de mirada que tiene cuando está procesando algo que no encaja en ninguna categoría disponible y que necesita un segundo para decidir qué hacer con eso.
No dice nada de inmediato.
Luego se levanta de la cama, toma el teléfono de la mesita, y marca a Peralta.
—Peralta —dice cuando contesta—. Viste el artículo de Inés. Necesito verte en una hora.
Cuelga.
Me mira.
—Lo sé —dice.
Solo eso.
Lo sé.
Y luego sale del cuarto a enfrentar lo que Rodrigo acaba de soltar sobre Aldenvera.
Me quedo en la cama con el teléfono en la mano y el artículo de Inés todavía abierto en la pantalla.
Lo de anoche no fue el contrato.
Ella lo sabe.
Eso va a tener que ser suficiente por ahora.
Aunque por ahora tenga límites que esta mañana se sienten más cercanos que ayer.







