Ella estaba ahí sollozando de rodillas en el suelo soltando lágrimas gruesas y dando hipidos. Se veía tan lamentable.
Tan ridícula.
Me acerqué lentamente a ella y con la vara apunté bajo su quijada y la levanté para que me viese.
Ella me miró llena de rabia, rencor y dolor. Solo pasaron unos minutos y sus ojos ya estaban hinchados.
-deja de llorar, inútil Prince-- a no, espera, acabo de volverte reina ¿verdad?
Me reí y puse mi mano en la cintura adoptando una postura confiada y relajada.
-se d