Mundo ficciónIniciar sesiónLa fiebre llegó al tercer día.
No una fiebre dramática, de esas que permiten decir frases profundas antes de desmayarse con elegancia. La mía fue humillante. Me dejó sudando bajo tres mantas, con el cabello pegado a la cara y la nariz tan roja que Mirella dijo que parecía una bruja de invierno mal dibujada.
—Te odio —murmuré.
—Eso significa que sigues viva —respondió ella, cambiándome u







