BUENA :
Han pasado una dos semanas y no queda nada de la chica que todos servían y se veía bien las veinticuatro horas.
Ahora soy yo las que les sirvo y ni hablar de mi apariencia refinada.
—Vamo esclava, mueve esas manos no tenemos todo el día.
Dice uno de los guardias qué me sigue y vigila todos los días.
Enjuago la montaña de ropa un poco más rápido aunque mis pobres manos no dan para tanto.
Cuándo el sol se oculta el guardia me lleva a mi celda, pero no sin antes darme un plato de cena