Lo que sentimos (2da. Parte)
La misma noche
Palermo, Sicilia
Oriana
Aunque nos repitamos que la sensatez debe gobernarnos, la verdad es que somos esclavos de nuestros propios impulsos. Nos gusta creer que el corazón es un animal domesticado, que podemos atarlo con cadenas de lógica y prudencia, pero la realidad es otra: el corazón no obedece, devora. No hay jaula que pueda contenerlo, no hay fórmula que lo amanse, porque incluso el más frío, el más racional, puede ser corrompido en el momento exacto.
Solo hace falta que alg