Mundo ficciónIniciar sesiónEl verano entró en el puerto con un calor denso que derretía la resina de los pinos y encendía el azul del mar. A primera hora de la mañana, cuando la brisa aún conservaba la frescura de la noche, Antonio estaba en el taller del muelle, con el torso al descubierto y el sudor brillándole en la espalda marcada.
El sonido del martillo contra la madera resonaba con un ritmo seco y constante. Estaba ajustando las cuadernas de una nueva embarcación, una tarea manual que le permitía despejar la






