Mundo ficciónIniciar sesiónEl rugido del motor de la berlina se apagó por completo al estacionar frente a la casa del puerto. Tras el bullicio de la capital, el aroma a sal, el sonido constante del oleaje y el murmullo del viento entre las rocas se sintieron como un abrazo bienvenido.
Antonio bajó del vehículo y caminó directamente hacia el lado del copiloto para abrir la puerta a Mia. Ella le ofreció la mano, pero al poner un pie en la tierra húmeda del camino, sintió el agotamiento del viaje acumularse en sus pi






