Mundo ficciónIniciar sesiónEl zumbido del teléfono satelital parecía taladrar el aire de la recepción. Antonio no lo dudó: extendió la mano con la agilidad de un depredador y arrancó el aparato del fondo de la caja, ignorando por completo el sobre que llevaba el nombre de su hijo.
—Sepúlveda —respondió con una voz tan helada que hizo que la recepcionista diera un paso atrás, pálida como un lienzo.Al otro lado de la línea, la risa de Julián Vértice fue un chasquido fino, seco, desprovisto de toda prisa.






