Mundo ficciónIniciar sesiónEl inspector de policía, de apellido Morales, se detuvo a medio paso. Sus ojos experimentados midieron a Mia de arriba abajo: despeinada, con manchas de sangre seca en los puños de la blusa, pero con una mirada de acero que no permitía un solo milímetro de retroceso.
—Señora Sepúlveda, entienda que no estamos jugando —dijo Morales, bajando ligeramente la voz para mantener el tono profesional—. El tiroteo en el puerto dejó un rastro directo a las antiguas operaciones de su esposo. M






