Las palabras salieron de mi boca y se quedaron suspendidas en el aire como humo tras un disparo.
—Porque… ella era mi madre.
Silencio.
Un silencio largo, pesado y sofocante.
Alex no se movió. No habló. Solo me miró fijamente, con sus ojos oscuros abiertos de par en par como nunca antes los había visto. Entreabrió la boca, pero la volvió a cerrar. No salió ningún sonido. La habitación se sintió más pequeña, el aire más denso.
Podía oír los latidos de mi propio corazón retumbando en mis oídos, fu