Odiaba mi nueva habitación, a pesar de que disfrutaba de las otras ventajas de la mejora. Disfrutaba mi tiempo con los niños, la libertad de mis horarios y, lo más reciente, el nuevo teléfono que me entregaron hace dos días. A veces, sin embargo, se sentía como una exageración.
Lo único que no me gustaba de mi nuevo trabajo era la habitación a la que me mudaron. El silencio me aburría mortalmente. Eso aparte del hecho de que, cada vez desde la noche en que entré al cuarto, siempre había sentido