El sueño nunca llegó. Estaba de pie junto a la ventana de la habitación mirando cómo la oscuridad se rendía lentamente al amanecer. El océano se extendía sin fin más allá del cristal.
Negro. Silencioso. Paciente. No se podía decir lo mismo de mis pensamientos. Se negaban a asentarse. Cada vez que cerraba los ojos me encontraba reviviendo la llamada del restaurante.
La voz de Sergio. La transferencia. Los reportes de mi abogado, Mateo Varela. Fernando. Problemas. Principalmente Fernando. Exhalé